El primer martes que se vuelve a la normalidad la sala de visitas de Santa Marta parece estar en domingo por la cantidad de gente que termìna habiendo.
En un momento se acerca Alejandra Lara, de pocos màs de treinta años de edad y muy amable me concede la entrevista.
Alejandra Lleva dos años presa en Santa Marta y fue sentenciada a 34 años por homicidio.
Con tres hijos de trece, cinco y tres años, Alejandra vivìa un autèntico infierno con su esposo Sebastiàn Fernando Jimenez.
El matrimonio llevaba 17 años de casados, de los cuales diez los vivieron en armonìa.
El esposo tenìa un taller de tapicerìa y encima, en un departamento vivìa con su esposa y los hijos. Todo cambiò cuando de repente comenzò a consumir y vender droga. LLegaron los malos tratos que se convertìan en despiadadas golpizas, tanto para Alejandra como para los niños.
El dinero que le proporcionaba la droga le hacìa tener mujeres y entre ellas eligiò a una para vivir en concubinato con ella.
Viviendo con la otra mujer seguìa tambièn con su esposa, asì la subìa a ver cuando llegaba la hora de la comida y se encontraba en el taller de tapicerìa para exigirle la comida o que le arreglase la ropa y si bien a las noches se iba por lo general con la otra y con ella pasaba los fines de semana, algunas veces se quedaba con Alejandra.
Para la mujer la vida se le hacìa insoportable por las palizas, pero lo que màs le dolìa era ver como golpeaba a sus hijos.
Recuerda una ocasiòn en que fueron a una tienda de Aurrera a hacer compras. El marido le llenò dos carros de los usados en estas tiendas con todo tipo de comestibles. Pasaron la noche en casa sin imaginarse Alejandra a què se debìa tanta generosidad. La sorpresa fue grande cuando al otro dìa mandò a su hija a por las llaves para abrir la puerta, el esposo ya se habìa ido y las llaves no aparecìan por ningùn sitio, se las habìa llevado èl. Estuvo ocho dìas encerrada sin salir de casa, pues hasta el telèfono le habìa desconectado de fuera.
Cuando volviò le reclamò el peligro en que se podìa haber visto de suceder algo grave, como fuga de gas, sismo, etc. La respuesta fue que no les habìa pasado nada y no estarìa chingando.
En otra ocasiòn Alejandra estaba invitada a una boda y no querìa ir con èl, pues le daba vergûenza, ya que todos sabìan que èl andaba con una y con otra. Discutìan cuando èl tomò una paleta de aluminio de voltear huevos que estaba caliente y se la puso en la espalda. El dolor de la quemadura fue insoportable, sin embargo haciendo un esfuerzo fue a la boda aunque no pudo estar a gusto.
Llevaba viviendo cinco años de angustia y sufrimientos cuando conociò a Jorge Chavez Martìnez y comenzaron una relaciòn extramarital. Pasaban los fines de semana juntos manteniendo en el anonimato esta relaciòn por el miedo que ella tenìa al esposo.
Dos años màs tarde quedò embaraza de èste nuevo romance.
Cuando el marido se enterò de su embarazo la golpiza fue grande, ademàs de los insultos de que era una puta, una ramera, etc. Alejandra le respondìa que èl tenìa otra mujer, a lo que le contestaba que ella era su mujer aquì y en China y por lo tanto no podìa andar con nadie.
La mujer le lanzò una amenaza como ya lo habìa hecho en alguna otra ocasiòn: Pegame, pegame todo lo que quieras pero te voy a matar.
Tù no tienes huevos para eso, todavìa la desafìaba èl.
-No, los huevos los tienes tu para pegarme pero te voy a matar. Aprovecha ahora y pegame todo lo que quieras.
Estaba convencida de que esa serìa la ùltima paliza que iba a recibir.
Sebastiàn se fue a la cama sin sospechar que ya no se levantarìa de èsta por su propio pie nunca màs.
A las once de la noche cuando el miserble dormìa, Alejandra le puso con toda su ira la mano con formol sobre su boca y nariz hasta dejarlo completamente dormido. Asì lo tuvo hasta las cinco de la mañana. A esta hora lo arrastrò hasta el garaje y estando el cuerpo tirado junto a su automòvil le diò un tajo con una cuchilla en la yugular y otro en una muñeca. Acto seguido se fue a casa, recogiò cosa y a sus hijos y se marchò a casa de su madre.
Su idea fue de que se pensaran que muriò en un asalto, sin embargo si habìa tenido fortuna para acabar con el maltratador, no la tuvo para librarse de la mal llamada justicia, pues sin darse cuenta, habìa sido observada desde una ventana por una vecina que se dedicaba a la prostituciòn y vivìa con un judicial, quien la denunciò.
Un mes despuès Alejandra fue detenida y enviada a la càrcel de mujeres en donde cumple la larga condena que la impusieron por librarse del sufrimiento.
Insiste con cara de satisfacciòn: No me arrepiento de nada, yo de la càrcel salgo, pero èl de dònde està no sale jamàs.
Durante la charla me dice algo que es completamente crible. Joge Chàvez no tuvo absolutamente nada que ver en la muerte, pues ni tan siquiera se encontraba en la casa cuando ella lo hizo, sin embargo fue apresado y condenado a la misma pena, sin que en estos momentos sepa en què prisiòn està.
Le pregunto si no ha ido nunca a convivencia con èl y me responde que no, pues no sabe si tal vez le vea alguien y le vaya a crear algùn problema, lo que demuestra que es sincera al asegurar que nada tuvo que ver, que todo lo hizo ella sola como al parecer confirma tambièn la vecina que la vio.
Està claro que otro inocente se encuentra en prisiòn pagando por algo que no hizo y por la ineptitud y prepotencia de los jueces ¿Cuando se conseguirà una sociedad justa en donde estos vividores dejen de existir y haya una verdadera justicia? ¡Hasta cuando toleraremos que inocentes sigan siendo privados de su libertad sin que movamos un dedo para terminar con semejantes canalladas?
SIN ARREPENTIMIENTOS
Mayo 27, 2009 de koldomikel
en este pais no conocemos la justicia ni la lealtad,,, si nosotros no nos defendemos quien lo hara?? lo siento en el alma por esta pobre mujer y sus inocentes hijos, y jueces???? pongense a trabajar estan igual de ineptos q nuestros gobernantes,,, JUSTICIA SRES. dejen libre al inocente.